Cuando conocí a mi Llama Gemela

Conocí a mi Llama Gemela al mes de mi segunda gran crisis de vida, a través de Couchsurfing. Para aquellos de ustedes que aún saben de qué se trata, es una plataforma que ayuda a las quienes viajan a conectarse con los locales, para así conocer mejor la cultura del lugar que visitan, y es una oportunidad, también para los lugareños, para conocer personas por múltiples razones. La mía: practicar el idioma alemán, allá por 2016, cuando lo empezaba a aprender.

Después que el mundo que conocía se derrumbara, no tenía muchas intenciones de conocer (ni ver) a nadie, ni siquiera mis amigos. Pero algo me decía que quizás recibir a alguien en casa ayudaría a despejar un poco mi mente.
Y así, buscando a quién podría alojar en casa durante 3-4 días, encuentro su perfil. Sentí una atracción instantánea. Lo cierto es que vi su perfil el día antes de que arribara a Buenos Aires (donde vivo). De haber esperado al día siguiente para encontrar algún viajero, él no habría aparecido en la página.
En fin, me puse a mirar su perfil, chequeando que no se tratara de un loco (en vistas de que tengo un hijo de -en aquel entonces- 4 años). Miré, leí...volví a leer otro poco más y me dije: "sí, claramento tengo que conocerlo ... ¿quién, en la faz de la tierra, pone "mujeres" como uno de sus intereses en una web como ésta? Definitivamente tengo que conocerlo". Envié la solicitud de alojamiento, a la cual él respondió aceptando quedarse. 

Al día siguiente, llegó a casa. Extrañamente, comenzamos a hablar como si fuéramos amigos de toda la vida. Poco común, pero a veces me sucede. Como expliqué, se quedaría por 4 días como máximo... El destino quizo que 4 días se convirtieran en 14. Y lo más curioso? Fue la primera vez en que no tuve ganas de decirle a alguien "eres muy agradable, pero 4 días son suficientes, así que por favor ya vete". Al contrario: sentí que podría ser mi compañero de piso, si hubiera tenido el suficiente espacio para él, y claro, si él no tuviera que continuar con su vida jaja.

En fin, en esas 2 semanas no pudimos mantenernos alejados el uno del otro. Me sonreía todas las mañanas cuando despertaba, era el caballero perfecto, y hasta me esperaba cada noche con una taza de té preparado, luego de depertarme tras perder el conocimiento tratando de dormir a mi hijo. Compartíamos ver alguna película en la computadora, cocinábamos juntos... Pero lo más extraño era lo segura y cómoda que me sentía a su alrededor, como nunca antes me había pasado con nadie. ¡No podía creerlo! Era considerado conmigo, de formas en que ninguno de mis ex-novios lo había sido. Nos abrazábamos con total naturalidad. No sé si a ustedes les ha pasado seguido, pero sé que a mí no... Jamás un abrazo me mostró lo que realmente significa "sentirse como en casa", como lo hicieron sus abrazos.

Llegado el 14° día, tuvo que reanudar su viaje. Su partida me dejó destrozada. Intentando contener mí angustia, para que mi hijo no me viese llorar, me puse a limpiar el departamento. El dolor fue tan desgarrador, que se sintió como el mismísimo momento en que supe que mi padre se estaba muriendo y que no volvería a verlo. Sentí como si algo dentro de mí se hubiera apagado. Como una pieza que faltaba, y que no sabía dónde encontrarla. No era normal sentirse así... así que pedí una señal al Cielo, dudando que fuera a pasar algo. 

Pasó el día. En la tarde iríamos con mi hijo a una fiesta de cumpleaños. Cuando estábamos a punto de salir, sonó el timbre. Atiendo y escucho: "Hola, soy yo otra vez"... Si eso no es una señal, no sé qué lo es.

Bajé a abrir la puerta, y le pregunté qué había pasado. Me dijo que no había conseguido hacer dedo como esperaba, y que me había visto tan triste cuando se iba, que pensó que podría quedarse al menos un día más. Casi me derrumbo en llanto... pero en mi vulnerabilidad, me contuve cualquier lágrima posible y no me permití mostrarle lo feliz que me había hecho con su regreso.  En su lugar,  expliqué que nos estábamos yendo a una fiesta, y que si huebiera llegado siquiera 1 minuto más tarde, no nos habría encontrado en casa (literalmente).

Mi hijo, para quien no tengo palabras, empezó a decir que quería que él viniera con nosotros. Lo cierto es que no esperaba que alguien tan visiblemente cansado eligiera venir a una fiesta de cumpleaños de niños, cuando podía contar con un apartamento silencioso durante 5 horas, y simplemente descansar. Saltó a la ducha y le concedió el deseo a mi hijo, al venir con nosotros. No sé ustedes, pero en mis -entonces- 33 años, nunca NADIE hizo NADA de lo que él había hecho por mí durante esos 14 días. Muchos menos, volver, o concederle un pedido a mi hijo...

Al día siguiente, nuevamente el aire pesado, al saber que, esta vez sí, la despedida sería definitiva. Esta vez, no habría regreso. Él ya tenía su boleto para continuar su viaje. Sin embargo, podía ver que él no quería irse. El tiempo demostró que no estaba loca. Incluso si él estaba en Perú físicamente, todavía aparecería en la puerta del edificio, o en mi casa todos los días. No entendía lo que había pasado, pero podía sentirlo, a su dolor, su soledad, su oscuridad... sabiendo que podía amarlo incluso allí. 

El tiempo pasó, viéndolo alejarse cada vez más. Decidí que debía hacer el esfuerzo de dejar de pensar en él, y así borrarlo de mi mente. Dejaría de mandarle mensajes de texto para compartir chistes tontos... Hasta que, durante mi viaje por Alemania, con mi hijo fuimos a Worms a visitar esta catedral de 1000 años de antigüedad, y su recuerdo regresó corriendo a mis pensamientos ... ¡Mierda! jaja.

En mi incesante búsqueda por entender qué había pasado, y después de meses de golpearme la cabeza contra la pared, youtube comenzó lentamente a proporcionar videos sobre lo que me estaba pasando: aprendí sobre la "noche oscura del alma", y un poco más tarde: Llamas gemelas. Y sólo un poco después, mis Maestros Jeff y Shaleia entraron en mi vida. Obtuve su libro, y el viaje comenzó. Conscientemente esta vez.

Desde entonces, cada vez que reflexiono sobre algo de mi vida, encuentro que la lección también resuena en él. Por eso, comparto esos mensajes con él, aunque rara vez los responde. Lo cierto es que, hasta ahora, tampoco me ha pedido que dejara de escribirle. El tiempo sigue pasando, sin que realmente hablemos. Pero el viaje recién comenza.

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